Iniciamos el paseo introspectivo con una serie de preguntas.
La idea de que el método socrático funcione es un apuntar a las mejores expectativas, pero la cuestión por largo tiempo evitada no merece descoser por completo un lunes, mucho menos una semana, y por así decirlo, un siclo.
Entonces... sin rodeos: la cuestión. Si alguien con quien estuviste pero por obra y gracia (o serán todos esos comerciales de DIGA NO a la piratería que sin darnos cuenta se han infiltrado en el subconsciente de toda una generación emergente) nunca estuviste*, y después de:
-varias temporadas de saludos y despesdidas
-solicitud de terapia urgente
-estampida de Pamplona en pleno mes de julio
-solicitudes explícitas de cortar la novela
-reconstrucciones mútiples del Caballo de Troya
e incontables besos indiscretos adornados con la etiqueta de alguna botella, de repente te dice "mudate conmigo", es justo decir que una se cuestiona las cosas.
Mi primera reacción debió ser estudiada a fondo, después de todo, mi género podría sentirse defraudado (aunque no sería la primera vez). En primera instancia pense en Hitchcok y la clásica música del incomparable film donde Anthony Perkins le eriza los pelos al espectador. Cuando noté en su mirada de labrador lo que parecía sentimentalismo y sinceridad, una leve sensación de incomodidad invadió my gut. Cuando intenté no reirme demasiado abiertamente, la tercera reacción no fué exactamente derivada del romanticismo, sino más bien la cuestionante ante la falta del mismo. Pero lo quiero, pensé. De hecho, si, lo quiero un montonazo.
"Entonces?"... estuve un par de segundos deambulando en mi propia tragicomedia cuando me percaté de que el entonces era una pregunta real, que no existía únicamente en mi mente, proveniente del implicado en el asunto. Me ví forzada a abandonar la meditación piel adentro y responder un gutural "la locura invadió tus pagos". Lo sé. Nada sutil y muy poco generoso. Emití una sonrisa que calmara la brutalidad de mi comportamiento y saqué un Camel Blue inmediatamentede mi cartera.
Un buen par de pasos de tango más tarde, zafé con gracia del tema. Como era de esperarse, durante todo el trayecto a mi casa estuve contemplando las raíces. No entendí nada. Ni de dónde salió aquello ni la aparente injustificada reacción veraz de mi parte. No llegaba a ninguna conclusión satisfactoria. Inicié un estudio cuidadoso y profundo, contradictorio al vox populi, sin lograr una respuesta. Me abstuve de cualquier descanso mental. No comprender me estaba llevando a un estado de incomodidad evidente: llegué al ridículo punto de soñar que mi abuelo muerto me llevaba al altar donde el chabón aguardaba en un altar por su amada; toda una parafernalia el sueño y por cuestiones de vestimenta demoré todo lo posible la llegada. Una iglesia! mi perversión no tenía límites. Ya no era un asunto de curiosidad autoexploratorio... ansiaba el exorcismo y no estaba dispuesta a esperar.
Esto no es Hollywood. El exorcismo se va dando lento y poco gentil. Partiendo de las premisas citadas anteriormente y de la constante sed, las imágenes van aclarándose gradualmente. Si confieso la verdad, el hecho de que sea capaz de llamarlo el monstruo del Lago Ness sin remordimiento alguno, fue el índice directo que resultó de la concatenación de eventos anteriores...y es que como lo diría la señorita Tunstall:
you're not the one for me.
* de ser necesario, podemos incluir imágenes de los libros de ciencias naturales menos sutiles que la aclaración.


