
"rien ne vous tue un homme comme d'etre oligué de représenter un pays" - Jacques Vaché
Mi libro favorito despega afirmando que nada ha de matar a un hombre como la obligación de representar un país; tres lustros más tarde me corresponde un grito honesto ante la auto-preservación de las tripas, el miocardio y demás malas hierbas aledañas...
una casa habitada, una exploración a la apropiación a distancia, el asalto carente de sorpresa, una pisada fuerte que produce un eco incesante en un suelo todavía por descubrir. Con la violenta pisada laten los cimientos y acto seguido, me rodea una sensación familiar, perseguida, inequívoca como el olor de la hierba... me resulta generalmente seductor que no seas de tocar puertas- inclusive alguna vez en la que, al recibir algún beso, me percaté silente de que en realidad éramos tres. Evidentemente, éste olor nada tiene que ver con el rancio aroma del olvido.
No hay mucho que decir. ¿Qué realmente se hace ante un aullido de libertad silente?
"Nombre" innombrable y una habitación completa de espejos. Reconozco tu nombre, aunque no te mencione; preciso cada día más la ausencia de un paraguas y sin embargo busco en este instante que es cualquier cosa menos repentina, esa mirada que perpetua una confusión inesperada.
Se exige, sin duda alguna, al observar un águila que vuela en círculos.
* Rayuela, carta de Jacques Vaché a André Breton.
* Fotografía tomada de muestra artítica Chavón 09

